UN DUELO HISTÓRICO



Mañana 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, el estadio Sánchez Portella de Torrecera acogerá a partir de las 12:00h un duelo insólito a la par que histórico. El equipo sénior de Afición Xerecista, o lo que es lo mismo, el filial del Xerez Club Deportivo (no a todos los efectos aún), se verá las caras con el mítico Racing Club Portuense.

El club portuense, cerca de cumplir 90 años de historia, recobró el pulso deportivamente hablando este verano de la mano de un grupo de aficionados que decidieron poner fin al doloroso letargo en el que la entidad se encontraba sumergida.

En mayo de 2013 disputó su último partido en "el Cuvillo" (que actualmente se encuentra clausurado y en el limbo judicial), y cuatro años más tarde, después de un complicado paso por el concurso de acreedores, ha despertado del coma en el que estaba con el firme propósito de volver a ser quien era, o mejor dicho, quien sigue siendo, porque a pesar de esta inactividad el club nunca ha llegado a desaparecer. El peso de su historia sustenta en alza un escudo que se niega a caer al peligroso precipicio del olvido.

En su largo periplo el Racing ha conseguido éxitos tales como competir hasta en once ocasiones en Segunda División "B", llegando a quedarse a una victoria en 2007 de ascender a la categoría de plata, o llegar a dieciseisavos de final de la Copa del Rey, donde se enfrentó nada más y nada menos que al Valencia CF.

Con la vuelta de este equipo, se ha producido en la localidad de El Puerto una curiosa semejanza de lo que está ocurriendo en Jerez de la Frontera, aunque las bases de ambos sucesos sean distintas.
El Recreativo Portuense anteriormente era un club de cantera, pero cuando el Racing dejó de competir, creó un sénior para reemplazarlo. Actualmente, ambos clubes están en activo y habrá que ver si algún día llegan a encontrarse por el camino, como ocurrió entre el Xerez Club Deportivo y el XDFC.

Lo que claro está es que "racinguistas" y "xerecistas" comparten una misma filosofía, una visión del fútbol que va más allá de lo que pueden aspirar otros equipos millonarios y señoritos.
No se trata solo de honrar un nombre ni un escudo, sino a todas esas personas que en su día dieron todo lo que tenían para que las generaciones venideras pudieran seguir disfrutando de un sentimiento que va por encima de cualquier cosa.
Estos aficionados sufridores viajan cada domingo con la utopía por bandera y la supervivencia como lema de vida.
Honor para los que nunca se rinden.







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